La cultura de la calidad en este nivel
educativo es incipiente y produce los primeros resultados, todos los actores
del sistema plantean como necesaria la integración de los organismos y
entidades del sector, la búsqueda de la calidad y la excelencia, el nuevo papel
y la dignificación de las comunidades académicas, así como el equilibrio entre
autonomía e inspección y vigilancia, como factores determinantes en la
construcción de una nueva propuesta de ley de Educación Superior (Calvo, 2018).
Por mucho tiempo la Universidad fue el referente
intelectual por excelencia, sin embargo hoy con la presencia de Internet y la
irrupción de variados participantes en una creciente economía del conocimiento,
estos paradigmas se han desdibujado totalmente, pues cualquiera con acceso a la
web puede obtener cualquier tipo de información global.
Con este panorama es preponderante que las
universidades replanteen su modelo pedagógico y administrativo, encaminándolos
en la innovación y la creatividad, ubicando al estudiante como el centro de la
educación, trascendiendo de una catedra magistral a la generación de procesos
holísticos que promuevan la investigación y generación de emprendimiento.
Para generar calidad educativa en la
educación superior es necesario pensar en las alianzas Interinstitucionales que
le permitan flexibilizar y enriquecer más su oferta, así como ajustar el
currículo a las necesidades de la comunidad educativa, pues los jóvenes en la
actualidad demandan una educación más personalizada y adaptada a sus
necesidades y además porque de esta manera puede proporcionarse una educación
auténticamente incluyente.
La problemática de la calidad en Educación
Superior en Colombia surge de la incapacidad de la comunidad educativa y
gubernamental para afrontar los retos que le imponen la evolución en los
fenómenos sociales, económicos, culturales, científicos y políticos. Esta
problemática radica en la incapacidad, por parte del gobierno, en dar respuesta
a las expectativas de la comunidad académica, la sociedad, los procesos de
formación, la ampliación de cobertura, la pertinencia de los programas y las
competencias de los egresados, entre otras. (Calvo, 2018).
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